
Me gustaría que si alguien lee esta columna me conteste qué debo hacer.
Esta mañana escuche por radio a la Ministro de la Corte Dra. Carmen Argibay, quien expresaba que “la inseguridad no es tanta, sino que la inflan los medios periodísticos”.
Medio dormida todavía recordé que ayer a las 16,30 de la tarde estaba parada en tercera fila de autos en un semáforo de Av. Godoy Cruz y Santa Fe, al primer auto de la fila dos señores, de “prepo” le comenzaron a embadurnar con agua jabonosa el parabrisas, el conductor desesperado –pensando seguramente en algo mucho peor que lo que pasó- les gritaba: “no…no…dejen no tengo cambio…”, a lo que uno de estos amables limpia-coches le respondió a gritos. “Hay que salir con billetes chicos papá”. Por supuesto le limpiaron el auto, y supongo que quien manejaba debió darles por lo menos diez pesos o veinte si no tenía cambio. Confieso que me asusté mucho, pensé que podía haber sido yo la despojada a la fuerza de unos billetes, y que si no los tenía además podrían haber roto mi auto.
Hace una semana a eso de las 13 hs., caminaba apurada por la Av. Corrientes, en una zona donde existen varios Bancos, que tienen custodia policial en sus puertas. De repente debí correrme del centro de la acera porque cuatro policías iban a todo “galope”, detrás de una moto con dos ocupantes. Lógico nunca la lograron alcanzar. Nadie de las personas a las que pregunté sabían de que se trataba, pero una cuadra más allá, en la puerta de un negocio varias personas, trataban de pararle la sangre que manaba de su frente a una señora de más de setenta años. Ahora sí alguien me dio una respuesta, había salido del Banco y uno de los motoqueros, se bajó y le arrancó la cartera del brazo, lo hizo con tanta fuerza que la señora pegó su frente contra el piso –mientras escribo espero que la señora en cuestión se encuentre bien, pues un golpe en la cabeza no es tontería, sino vean el caso de la muerte de la actriz Natacha Richardson-, ahora si tengo que sacar plata del cajero por poco necesito que alguien me acompañe.
Y para colmo de mi manía de persecución, anoche salía de una reunión con otra persona a la que no conozco demasiado, pero como en la puerta de calle nos encontramos con dos jovencitos con apariencia de “estar pasados”, la invité sin dudarlo a venir conmigo, me causó pánico la idea de dejar a alguien a quien conozco de a pie frente a esos muchachos.
¡Ah me olvidaba!, acabo de observar que el cartonero que pasa por mi vereda ya no lo hace a las 20, sino a las cinco de la tarde.
Pero con mi enorme respeto intelectual por la Dra. Argibay, tengo que decidir si voy o no al psiquiatra.
Doxa
Esta mañana escuche por radio a la Ministro de la Corte Dra. Carmen Argibay, quien expresaba que “la inseguridad no es tanta, sino que la inflan los medios periodísticos”.
Medio dormida todavía recordé que ayer a las 16,30 de la tarde estaba parada en tercera fila de autos en un semáforo de Av. Godoy Cruz y Santa Fe, al primer auto de la fila dos señores, de “prepo” le comenzaron a embadurnar con agua jabonosa el parabrisas, el conductor desesperado –pensando seguramente en algo mucho peor que lo que pasó- les gritaba: “no…no…dejen no tengo cambio…”, a lo que uno de estos amables limpia-coches le respondió a gritos. “Hay que salir con billetes chicos papá”. Por supuesto le limpiaron el auto, y supongo que quien manejaba debió darles por lo menos diez pesos o veinte si no tenía cambio. Confieso que me asusté mucho, pensé que podía haber sido yo la despojada a la fuerza de unos billetes, y que si no los tenía además podrían haber roto mi auto.
Hace una semana a eso de las 13 hs., caminaba apurada por la Av. Corrientes, en una zona donde existen varios Bancos, que tienen custodia policial en sus puertas. De repente debí correrme del centro de la acera porque cuatro policías iban a todo “galope”, detrás de una moto con dos ocupantes. Lógico nunca la lograron alcanzar. Nadie de las personas a las que pregunté sabían de que se trataba, pero una cuadra más allá, en la puerta de un negocio varias personas, trataban de pararle la sangre que manaba de su frente a una señora de más de setenta años. Ahora sí alguien me dio una respuesta, había salido del Banco y uno de los motoqueros, se bajó y le arrancó la cartera del brazo, lo hizo con tanta fuerza que la señora pegó su frente contra el piso –mientras escribo espero que la señora en cuestión se encuentre bien, pues un golpe en la cabeza no es tontería, sino vean el caso de la muerte de la actriz Natacha Richardson-, ahora si tengo que sacar plata del cajero por poco necesito que alguien me acompañe.
Y para colmo de mi manía de persecución, anoche salía de una reunión con otra persona a la que no conozco demasiado, pero como en la puerta de calle nos encontramos con dos jovencitos con apariencia de “estar pasados”, la invité sin dudarlo a venir conmigo, me causó pánico la idea de dejar a alguien a quien conozco de a pie frente a esos muchachos.
¡Ah me olvidaba!, acabo de observar que el cartonero que pasa por mi vereda ya no lo hace a las 20, sino a las cinco de la tarde.
Pero con mi enorme respeto intelectual por la Dra. Argibay, tengo que decidir si voy o no al psiquiatra.
Doxa
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