Mi especialidad es la defensa de los derechos, pero como veo que la “Dochi”, me ha ganado hoy en tratar la violencia contra la mujer, voy a ocuparme de una “Mujer Coraje”:
“Mamá emigró de la comunidad donde nacimos con cuatro hijos, ella sola. Fue un gran desafío para esta mujer coraje, como yo la llamo, asumir semejante decisión. Ella vivía del trabajo en el campo, la cría de animales, ovejas, chivas, vacas... Con la venta de tejido consiguió su primera radio portátil, a través de la cual se enteró de que había otra vida, además de la mapuche en la comunidad. Ella escuchaba información de la ciudad de Neuquén, que se pedía gente para trabajar, que había entrega de planes de vivienda. Entendió que Neuquén era el lugar apropiado adonde ir con sus hijos. Yo tenía tres años cuando llegamos de prestado a la casa de una familia, pero no pasó más de una semana que ya teníamos nuestra propia ruka, la casa. Mamá fue a conversar con la organización de la villa Tiro Federal, que estaba en pleno proceso de formación.
Le cedieron un espacio, allí instaló la ruka, al lado la huerta y enfrente el jardín. Sembraba maíz, arveja, trigo, papa, poquito pero de todo: zanahorias, tomate, ají, morrones... Muchas aromáticas: romero, orégano, salvia, tomillo, cedrón... Y mucho lawén, que es la medicina mapuche en términos generales, pero cada planta en particular hay que ver la relación que tiene con la persona que va a curar. Es un concepto parecido al de la homeopatía. En nuestra medicina están muy ligados el físico y el espíritu. El lawén a veces es una planta, a veces un arbusto, un árbol, otras veces una piedra, una raíz... Mamá siempre nos enseñó que el lawén era la medicina para estar bien. Ella descubrió cuál era el lawén para cada uno de sus hijos, a la vez nosotros fuimos conociendo cuál era el lawén que nos hacía mejor.
Mamá, sin dejar de ser mapuche, empieza a participar en esa vida social organizativa que entendía necesaria, compartiendo algunas reivindicaciones. Mientras tanto, cada mañana se levantaba y hacía con sus hijos afuera el Pute Fentún, saludo al día, a la vida, sabiendo que hay un día más que vamos a compartir como parte del universo todo. En ese saludo nos comunicamos con las cuatro fuerzas fundamentales que nos dan la vida, nos proyectan, nos dan conocimiento: se nombra al Wajmapu Kuse, Wajmapu Fuca, Wajmapu Quica Zomo y Wajmapu Wece Wenxu, es decir, la vieja de la tierra, el viejo de la tierra, el joven y la joven.
Después del saludo mi mamá se iba a trabajar y mi hermano mayor también. Aunque algunos vecinos se riesen cuando hacíamos el Pute Fentún mirando al sol, otros se hicieron amigos también estaban los que acusaban a mamá de bruja por hacer esa ceremonia. Mamá siempre repetía: “Nos fuimos de la comunidad por una necesidad material, acá seguiremos siendo mapuches.
(De un reportaje a Verónica Huilipan, vocera intercultural del pueblo mapuche (werken) en ocasión de la proyección en Buenos Aires del documental “La Nación Mapuce” en 2008)
Huila
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